Los documentales de los Oscar 2014: cómo hacer la diferencia con la realidad

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No hay que hacer mucho esfuerzo. Searching for Sugar Man. The Cove. La marcha del emperador. Bowling for Columbine. Los títulos acuden rápido, irrumpen en la memoria y permanecen. No son menores. Son algunos de los ganadores de un Oscar a mejor documental en los últimos diez años. Casi todas estas películas dejaron una huella mucho más profunda que las que se quedaron con la estatuilla más preciada en ese mismo período (Crash, Chicago, El artista, Vivir al límite, Slumdog Millonaire y la lista puede seguir). Pero, como ocurre la mayoría de las veces, el público grande se enceguece con las luces artificiales, las trompetas desafinadas y los maquillajes desalineados. La cuestión, entonces, es mirar un poco más allá.

Detrás de las películas de las que hablan todos, hay pequeñas obras maestras. Es evidente que cada vez más gente les presta atención, por lo que categorías como “mejor documental” son mucho más competitivas y año a año elevan su nivel con producciones costosas, ideas mejor pensadas y desarrollos superiores en cuanto a la elaboración.  En esta tanda de cinco películas, el saldo es mucho más positivo que negativo (de hecho, hay cuatro que son verdaderamente imprescindibles). Acá, una breve descripción de los títulos que lograron hacer la diferencia con la realidad.

The Square, Jehane Noujaim. Plaza Tahrir, El Cairo, Egipto, enero de 2011. Miles de jóvenes se vuelcan a la plaza y hacen de ese lugar el gran símbolo de parte de la Revolución árabe. ¿Las consignas? Muy claras: libertad, democracia e igualdad social. El primer paso, la salida del presidente, Hosni Mubarak, perpetrado en el poder por casi 30 años. Pero su ida no contenta a los manifestantes, porque el presidente electo, el islamista Mohamed Mursi, resulta demasiado similar a lo que conocían (es acusado de forjar los cambios de la Constitución a partir de su religión y no de las necesidades del pueblo). Entonces, las Fuerzas Armadas toman el poder mientras prometen llamar a elecciones. Hasta hoy, Egipto vive en una dictadura. El problema del documental, entretenido y con un ritmo perfecto, es la falta de objetividad para contar la historia. El punto de vista de los jóvenes que copan la plaza Tahrir queda claro, pero faltan voces de la otra campana. Además, carece de información importante: ¿de qué viven estos hombres que luchan por la libertad de su país? ¿Cómo siguen sus vidas después de conseguir su triunfo?

Probablemente, la gran candidata a quedarse con el Oscar. No estaría mal, aunque no se trata de la mejor del lote de nominadas. Hay un detalle que puede pesar a la hora de ser elegida: es una película que compró y transmite Netflix, por lo que el marketing que genera en estos días el sitio de streaming de series y films puede llegar a jugar un factor determinante.

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The Act of Killing, Joshua Oppenheimer. Brutal, sangriento, sin piedad. El director de este documental le consultó a un grupo de paramilitares, o gangsters, de Indonesia que recrearan en una película la forma en que mataron y torturaron a miles de comunistas durante 1965 y 1966. Y ellos, viejos, algo aburridos y con ganas de volver a sus épocas de fama, no tienen problemas en actuar algo que, en realidad, fue real: una matanza desleal y sumida en una profunda falta de libertad mezclada con una apabullante ignorancia. Dentro del relato, los personajes tienen muchas contradicciones. Anwar, el líder de los gangsters, deambula entre la ratificación incuestionable del horror y el arrepentimiento. Lo más fuerte de la historia tiene que ver con la forma en que los asesinos se relacionan con la sociedad actual: da la sensación de que nada cambió. La protección del pueblo es nula. El terror nunca deja de expandirse. La otra gran candidata a festejar.

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Dirty Wars, Rick Rowley. Un periodista de guerra denuncia que las tropas de Estados Unidos en Afganistán no realizan actividades tan pacíficas y liberadoras como se muestra en los canales de televisión. Todo lo contrario: se dedica a hacer ataques a supuestos terroristas sin importar cuáles sean las circunstancias o cuántas pueden ser las víctimas inocentes. También indica que se realizaron ataques en países como Yemen, donde ni siquiera hay una guerra declarada. Pero las fuentes de Jeremy Scahill no parecen del todo sólidas. O quizás sí, pero lo cierto es que su forma de ser, algo soberbia, termina por irritar. El relato es un poco vago y difuso. La atención se pierde y los 90 minutos de películas resultan eternos.

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Cutie and the boxer, Zachary Heinzerling. Tierno y sincero relato de una pareja de artistas japoneses que viven en Nueva York y arrastran un pasado de gloria que ahora sólo les sirve para rasquetear alguna que otra muestra en una o dos pequeñas exhibiciones de Brooklyn. El relato no sólo se centra en el crecimiento y la forma en que crean sus obras Ushio Shinohara y Noriko sino también en su exquisita historia de amor. Como la mayoría de los artistas, tienen un carácter con altibajos. Por eso, hay días en los que se aman y otros en los que se odian. Él es el más reconocido pero tiene celos de ella, sensible y con proyección. Arrastran una historia tumultuosa, por lo que para Ushio no hay nada mejor que llenarse los guantes de boxeo de pintura y pegarle a algún enorme mural blanco para crear su nueva obra. Ella, por otro lado, es más frontal y sabia. El pasado no se puede borrar. Sólo queda asumirlo.

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20 feet from stardom, Morgan Neville. Esas chicas sexys, atractivas, misteriosas y con voces que parecen mezclas de diferentes fenómenos naturales, alguna vez quisieron ser grandes estrellas. Pero, por alguna razón u otra, no lograron dar esos 20 pasos que se necesitan para pasar de ser una corista a un solista que llena estadios. El documental cuenta la historia de esas mujeres que hicieron que los discos y temas de artistas como David Bowie, Sting, Los Rolling Stones y tantas otras llegaran a la perfección. Una exquisita mezcla entre crónica personal e introspectiva con pincelazos musicales espectaculares. Divertida, por la forma de ser de artistas como Darlene Love, Merry Clayton o Lisa Fisher (por Dios, ¡cómo canta esta mujer!). Un foco algo repetido pero no por eso menos atractivo. Cuando con el talento -descomunal- sólo no alcanza para llegar a lo más alto.

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