True Detective: la luz está ganando

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“Once there was only dark. If you ask me, the light is winning”, detective Rust Cohle

No ve mucho más que sombras. Está en el asiento de acompañante mientras su compañero, Marty Hart, maneja a una velocidad crucero en alguna de las desoladas rutas de Louisiana, entre enormes pastizales, terrenos embarrados y aguas podridas. Mira al cielo y nota que las estrellas se mueven hacia un lado y otro. Las nubes se sacuden como en una tormenta. Percibe que está en una especie de tornado. Pero, cuando se fija en el costado, nota que no pasa nada anormal. Marty todavía conduce con la mirada fija y pensativa. El paisaje se mantiene uniforme y monótono. Entonces, prende un cigarrillo Camel, se recuesta sobre el asiento y larga un aire pesado, como si hubiera despertado de una terrible pesadilla.

Es el año 1995 y el detective Rust Cohle vive en las sombras. Aunque nunca quiso decir cómo, hace un tiempo largo que su hija murió. Roto de dolor, no pudo sostener la relación con su mujer. Se separó. En la policía hizo muchas cosas que no debía. Antes que echarlo, decidieron mandarlo como agente encubierto de drogas. Vivió entre narcotraficantes, delincuentes y marginales durante tres años. No le quedó nada: el alma destrozada, la mente perturbada y el cuerpo arruinado. Hasta que un caso lo despierta. Una adolescente asesinada en una especie de ritual satánico (¿un crimen que realmente existió?). Marty Hart lo apoya. No lo conoce del todo bien. Sabe de su enorme capacidad de observación, su talento para los interrogatorios y su coraje. También entiende que puede estar loco. Juntos se hacen cargo de la investigación.

True Detective vuelve a poner a HBO en lo más alto del pedestal. Aunque hoy desde las redes sociales se hable -demasiado- de House of Cards, de Netflix, o Breaking Bad, de AMC, hay una forma de hacer las cosas que resultará difícil igualar. Mientras que otros buscan la popularidad, HBO se preocupa por la calidad y el sello. Por eso, algunos de los diálogos entre la pareja de detectives puede tomar entre cinco y diez minutos. Rust Cohle divaga sobre el mundo, la metafísica o la religión por un buen rato. Puede decir cosas como esta:

“Creo que la conciencia humana es un trágico paso en falso en la evolución. Llegamos a ser demasiado conscientes de nosotros mismos. La naturaleza creó un aspecto separado de sí misma, por eso, somos criaturas que no deberíamos existir por ley natural. Trabajamos bajo la ilusión de tener un yo; una acumulación de sentidos, experiencias y sentimientos, programados con total garantía de que somos alguien, cuando en realidad no somos nadie. Tal vez la cosa más honorable por hacer de parte de nuestra especie es negar nuestra programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia la extinción. Una última media noche, donde los hermanos y hermanas opten por un trato injusto”.

Para algunos puede ser brillante y para otros una verdadera locura. Pero lo cierto es que HBO pretende mandar un mensaje cuando presenta este tipo de soliloquios en el guión: “Nos encantaría que esto fuera popular pero, de todas maneras, queremos dejar en claro que no es nuestra prioridad. Preferimos hacer algo distinto”. La primera temporada de True Detective, de ocho capítulos de un poco menos de una hora, se instala en la historia dorada del canal que cambió la forma de hacer televisión. No hay dudas, está en un nivel más o menos  parecido al de la Santísima Trinidad: Six Feet Under (True Detective la destronó como la más vista de HBO, con un total de 11 millones de espectadores a lo largo de la primera temporada), Los Soprano y The Wire.

¿Qué es más importante? ¿La resolución del caso o la vida de los detectives afuera del trabajo? Cuesta decirlo. También es difícil sentenciar si se trata de una falla o un acierto del relato. Lo único claro es que las ganas de saber más aumentan a medida que avanza la serie. Como Boardwalk Empire, True Detective no es de esos productos que se devoran. El proceso ideal de consumo debería ser lento, paciente y tranquilo. Hay, evidentemente, una intención de filmar lindo (el final del capítulo 4, cuando Cohle se mete en un barrio de negros a robar droga, merece un apartado en YouTube para cualquier estudiante de cine). Planos amplios, grandes, aéreos. Pero la forma de mostrar el relato no es exagerada. En la historia se siente la tensión porque la dirección no es pretenciosa. El exceso estético hubiera perjudicado a una de las grandes virtudes de la serie: el permanente suspenso. En el cine contemporáneo no existen películas que generen una cuarta parte de lo que hizo esta serie. La exquisitez en la elección de la música es otro detalle que aporta magia (acá se pueden escuchar todos los temas de los ocho capítulos).

Fue comprensible que a Matthew McConaughey le hubieran dado un Oscar por Dallas Buyers Club. Se trató de una buena actuación. Pero lo que hace en True Detective en el papel del detective Cohle es simplemente apabullante. La cronología de la historia está contada en tres partes. Primero, en 1995, cuando Rust se muestra joven pero claramente deteriorado. Después, en 2002, el momento en el que se pelea con Marty y abandona la policía. Por último, en 2012, cuando se vuelven a juntar para terminar de resolver un crimen que creían tener solucionado. Es en este período cuando saca a relucir lo mejor de su repertorio. Esa voz gastada y ronca, ese cuerpo mal tratado, con el pelo largo y un bigote desprolijo, y esa postura desganada será difícil de olvidar. Lo de Woody Harrelson en el rol de Marty no está nada mal, pero queda deslucido ante un papel que será recordado por mucho tiempo.

Según el creador de la serie, Nic Pizzolatto, la segunda temporada ya está pensada y en camino: “Se trata de dos mujeres duras y un secreto oculto de la historia del sistema de transporte de Estados Unidos”. Hasta ahora, no hay muchas más pistas que eso. Cambiará todo. No estarán ni McConaughey ni Harrelson. Nuevos actores, nuevas historias, nuevo foco (quizás sea mejor que la primera temporada, pero resulta imposible no amargarse porque esta dupla no tendrá una segunda parte).

La luz que está ganando no es sólo la de Rust. También es la de Marty, un hombre casado y con dos hijas que no encuentra consuelo dentro de su familia y busca salidas peligrosas y delicadas. Al fin y al cabo, todo se trata de ellos. De encontrar un poco de paz en el corazón.

Hay detalles que, sinceramente, no parecen del todo importantes. True Detective no termina de ser un policial clásico. No hace falta detenerse en los puntos que no tienen una explicación lógica. El armado del relato es perfecto. Hay una secuencia que lo resume todo. Marty y Cohle cuentan una mentirosa versión de un viejo enfrentamiento que terminó con muertos ante la policía. Mientras hablan y relatan uno de sus polémicos trabajos para resolver el crimen, las imágenes muestran un flashback con lo que realmente pasó. Lo que se escucha rompe con lo que se ve. Es perfecto.

Muchos alertaron sobre un final simplista y feliz, al estilo Disney, pero no es así. El gran triunfo es, probablemente, el de la amistad de los detectives. Nunca se sabrá si volverán a verse y si se mantendrán en contacto, pero está claro que su relación estampó un sello imposible de borrar. Con ese condimento, el alma de los dos puede descansar en paz. Por otro lado, hay una mirada pesimista con respecto al caso. La tendencia que marca es que hay gente intocable, más allá de lo malas que puedan ser. El poder es un escudo de defensa moral y legal imposible de romper. Los malos nunca recibirán lo que merecen. 

Para Marty y Cohle, hay capítulos que no se pueden extinguir. Se percibe en sus voces y gestos. Ninguno de los dos está dispuesto a olvidar. Sí, la luz está ganando. Pero las sombras todavía no se fueron.



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  1. Ale

    La primera temporada de True Detective me dejo impactada y queriendo más, siempre me quede pegada a mi tele y ahora con la segunda temporada de True Detective 2 con Vince Vaughn y con los avances de los trailers estoy en shock, se viene una temporada muy interesante


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