Silicon Valley: lo vacío de la tecnología

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Richard y Big Head rompen con la estructura de Silicon Valley. Son amigos en un micro mundo en el que manda la individualidad, el encierro, la obsesión con las computadoras y la ambición permanente de conseguir una gran idea. Uno tiene evidentes condiciones de programación y una cabeza para pensar más allá. El otro es del montón, no se destaca en nada. Su relación remite a códigos prácticamente inéditos en la ciudad de la tecnología y la innovación: la lealtad y la sencillez.

Pero Silicon Valley, serie que estrenó este año HBO con ocho capítulos de media hora y ya tiene asegurada una segunda temporada, no habla sobre la amistad entre una especie de genio y su fiel ladero. Todo lo contrario. Cuando Richard, un joven de 27 años nervioso, desconfiado y con algunos problemas para relacionarse con otras personas, consigue que su proyecto triunfe (Pied Piper, un intento de web musical con un algoritmo que, dicen, podría revolucionar el mercado), las cosas cambian.

Richard tiene dos ofertas para vender su algoritmo. Una de Gavin Belson, fundador de la empresa Hooli, donde él mismo trabaja. Algo más de 10 millones de dólares y la delegación absoluta del proyecto. La otra, de Peter Gregory, un capitalista multimillonario e independiente que le ofrece formar su propia empresa a partir de su padrinazgo. La decisión que tome tendrá una repercusión directa en la relación con su amigo. Lo que se intuía como una posible gran relación en los primeros capítulos se desmorona rápidamente por las rispideces que genera un proyecto de ese calibre. Pudo haber sido pensado a propósito por los guionistas o el creador de la serie, Mike Judge. Lo cierto es que la primera gran jugada de Silicon Valley es la de la separación, la de vínculos afectivos que se rompen.

Hacker House. San Francisco. Una enorme casa con una linda pileta en un vecindario tranquilo y agradable, rodeado de naturaleza y chicos que corren carreras en bicicletas. Cinco jóvenes que prácticamente no duermen, comen ni se relacionan con nadie. Cada uno tiene un proyecto diferente y vive frente a una computadora. Erlich, el dueño de la casa, ya vendió un emprendimiento y es el inversor. Apuesta al talentoso pero atado Richard, el compañero y consistente Big Head, el ermitaño y veloz Gilfoyle y al competente Dinesh. Asume que alguno tendrá otro proyecto para vender del que recibirá un porcentaje para que la rueda no deje de girar. Para llegar a ese objetivo, no tienen límites. No hay horarios, reglas ni costumbres. Vale todo.

Silicon Valley se burla de la impresión que quieren dar las empresas de tecnología al mundo. Exagera al máximo el espíritu que algunas empresas (aunque no se nombren parece claro que apuntan especialmente a Google, Apple y Facebook) pretenden demostrar. Lo que parece un entorno libre de trabajo no es más que un espacio de encerramiento. Lo que se asume como honesto tiene mucho de trampa. Lo que se entiende como innovador se relaciona más a robo de ideas y plagio. El objetivo: posicionarse como los primeros para ganar más plata. Por eso se hace hincapié en la relación entre Gavin Belson y Peter Gregory, dos de los empresarios más importantes que tuvieron un pasado juntos y ahora se detestan. Brillantes a su manera, pasan el tiempo con la única idea de ganarle al otro. Al final, no resultan más que caprichosos, obsesivos y bastante primitivos.

La serie tiene ritmo y promete en los primeros capítulos, cuando Richard debe decidir a quién le venderá su idea. Después, se desploma. Es un relato que no termina nunca de dar el salto. Se vuelve inmaduro y muchos de los intentos de hacer reír son fallidos. Apuntar a lo ridículo no está mal. Pero si no está sostenido por ideas, lo que se cuenta carece de atractivo. Del capítulo tres al último, no se hace más que repetir la idea. Se generan problemas y Pied Piper, el proyecto de Richard, parece hundirse constantemente. Pero no hay mucho más que eso, además de algunos momentos divertidos (¡qué buena que es la presentación!) y más o menos inspiradores. Aunque puede ser vista por cualquiera, tiene una enorme cantidad de latiguillos relacionados al mundo de la tecnología (muchas referencias a Steve Jobs y Stephen Wozniak, principalmente).

El relato resulta inteligente y más o menos crítico pero demasiado obvio. En una presentación de startups, todos los grupos que presentan el trabajo comienzan con el mismo lema: “Nuestro aporte para cambiar el mundo”. Silicon Valley se ríe de los que piensan que pueden modificar verdaderamente la vida de alguien a partir de una aplicación. Ironiza además sobre el mundo que se pretende cambiar. Aquellos que trabajan en darle otra cara a la vida en realidad no tienen parámetros como para sentir qué es lo que le conviene a la gente.

No tienen familias ni amigos. Son compañeros de trabajo con un rol claro: su destino puede cambiar a partir de lo que surja. Salvo alguna excepción, no saben relacionarse con mujeres. Una prostituta llega a la casa para festejar el éxito de Richard y el nuevo proyecto. Salen todos corriendo, se asustan, no quieren saber nada. Tienen una historia, desde el colegio primario hasta hoy, de rechazo y marginalidad social. Con quien mejor se sienten es con una computadora enfrente. Ellos lo saben. Hay un vacío atrás de los mentirosos gurús, las empresas esclavistas y la presión por crear algo diferente. No queda más que tipear. La computadora no se apaga nunca. Tipear, tipear y tipear.



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  1. Jorge

    Poco a poco voy viendo que tu problema base es que te cuesta prestar atención a tramas complicadas y creo que no das la talla como espectador para seguir una serie tan compleja y enredada como Game of Thrones. Me parece absolutamente increíble que coloques series de tan bajo presupuesto y poca produccion por encima de GOT. Silicon Valley es una buena serie pero hasta ahi. Excelente página, excepto por el desastre que es tu reseña sobre GOT, por lo demás muy buena aunque no se si tenemos gustos semejantes, creo y deduzco que no.

    • Lucas Bertellotti

      Jorge, tienes que abrir un poco la cabeza. Lo de “tu problema” es creer que estás por encima de mí, que lo entiendes todo y yo no. Lee libros, mira películas, observa series. Vive lo que puedas. Seguramente te ayudarán a ser una persona más completa.


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