Una pincelada de lo cotidiano

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Hay tiempo para todo en las películas del japonés Hirokazu Koreeda. Pero no se trata sólo de las duraciones, sino de la mirada lo que hace que su forma sea tan extraordinaria. Es un artista que pinta lo cotidiano con pequeñas pinceladas, sensibles y pensadas. Es valiente. No teme retratar las miserias de la sociedad de su país. Deja todo a la vista: las costumbres, la cultura, la historia. Y eso hace que sus películas resulten completas, verdaderamente significativas.

Hace unos días se estrenó en la Argentina (en pocas salas, claro) De tal padre, tal hijola última película de Koreeda. Un repaso por su filmografía dejan en evidencia que se trata de un director imprescindible. Hay que estar atento a lo que puede regalar, es capaz de crear una joya cada uno o dos años.

Koreeda es un descendiente directo de Yazunari Ozu, uno de los grandes de la historia de Japón. Los dos abrazan a lo cotidiano como parte fundamental de sus historias. Tienen sensibilidad de sobra para contar sus relatos y encuentran belleza en cada uno de los planos. Pero el distintivo del alumno sobre el maestro tiene que ver con la falta de resguardo. Koreeda no tiene problemas en ensuciar a la sociedad en la que vive. ¿Será la razón por la que es más conocido en Europa que en su país? En los films de Ozu se percibe un tono algo más nacionalista.

Intentó ser un novelista, algo que se puede percibir en su forma de filmar. Las imágenes que transmite remiten a los pensamientos internos de los personajes, logra un punto de vista muy particular. No necesita más que simpleza en el relato para lograrlo. A los 52 años, está en el pico de madurez.

No hay que dejarlo pasar. Ante tantas películas fáciles de olvidar, acá hay un director con una capacidad inexplicable de generar ambientes únicos y profundizar con calidad sobre temas importantes: la muerte, el costumbrismo, la familia, lo cotidiano, el día a día.

Acá, un repaso que tiene como objetivo no sólo prestarle atención a su última obra sino también extenderse en una filmografía verdaderamente espectacular.

Después de la vida (1998). Los muertos recientes se encuentran en el purgatorio, una especie de casa en el medio de un campo que luce como un edificio estatal burocrático. Los trabajadores del lugar le piden a los muertos que seleccionen un recuerdo para la eternidad. Una vez que eligen, estos empleados se convierten en una especie de documentalistas que condensan la memoria en una película. Aunque el argumento resulta surrealista, la verosimilitud genera un contraste bastante grande. Los muertos se entrevistan y repasan su vida, muchos de ellos repletos de arrepentimiento y culpa. Un film muy intenso.

afterlifeNadie sabe, Hirokazu Koreeda (2004). Japón, el país en el que todo parece perfecto, tiene miserias como cualquier otro lugar del mundo. Así lo hace saber este brillante director, no sólo en esta película sino también en buena parte de su filmografía. Una mamá irresponsable que abandona a sus hijos en un pequeño departamento de Tokio. Y a ellos no les queda otra más que sobrevivir. Un relato que pone el foco no sólo en el instinto de supervivencia de los chicos sino también en la forma en la que la sociedad reacciona ante ellos. Casi siempre les dan la espalda. La película está basada en una historia real. Brutal. La gran símbolo de Koreeda.

nobodyTodavía caminando (2008). Un relato desgarrador que no deja casi ninguna esperanza: cuando la raíz de una familia está rota, es muy difícil que pueda enderezarse. Ryota es un hombre adulto. Está cansado de las presiones de su trabajo, lucha ante el día a día, se siente enamorado de una mujer con un hijo, sigue adelante. Pero nada de esas cuestiones lo altera más que su papá, a quien le tiene miedo. No tiene valor para enfrentarlo, escuchar sus críticas o su falta de interés. Su evidente reprobación al camino que eligió. No es un doctor como él, sino un curador de obras de arte. El encuentro en la casa de la familia en Yokohama, con la otra hija, que pretende olvidar, mirar al piso y hacer que todo está bien, es brillante.

Still Walking 4Deseo (2011). Koichi ya no quiere estar separado de su hermano Ryunosuke. La construcción del tren bala lo ilusiona para que las distancias se terminen. Se trata de una película mucha más chica (pero no así corta) de Koreeda. El hermano mayor hará todo lo posible por demostrarle a sus padres que la distancia, pese a sus problemas como pareja, no genera nada bueno. La película se vuelca a la aventura de los hermanos y sus amigos por verse. Tiene buenos momentos, pero en varios pasajes pierde el foco y la fuerza. No es de lo mejor del director japonés.

I-Wish-02De tal padre, tal hijo (2013). En el Festival de Cannes de 2013, cuando La vida de Adele ganó con justicia la Palma de Oro, Steven Spielberg, presidente del jurado, se quedó obsesionado con la película de Koreeda e hizo todo lo que podía para hacerla ganar. Al final, logró nombrarla como triunfadora del premio del Jurado en Cannes. No sólo eso, la historia le fascinó tanto que la tomó para hacer su propia película. La idea del director de Jurassic Park es una verdadera idiotez, principalmente porque el japonés ya lo hizo todo. Y muy bien. El relato cuenta la transformadora experiencia de dos parejas a las que le dicen que sus hijos de unos ocho o nueve años fueron cambiados cuando nacieron debido a una negligencia del hospital. Entonces, comienzan a verse, los chicos se conocen y viven nuevas sensaciones con la otra familia. Y surgen muchas preguntas: ¿cuánto hay de sangre y cuanto de costumbre en la relación padre-hijo? ¿Qué pasa cuando el hijo no es de la misma sangre? Una joyita.

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Después de la tormenta (2016). Queda impregnado el cine de este japonés. No termina de quedar clara la razón, quizás es porque sabe apreciar muy bien a la gente, reconoce qué es lo que hay que describir para pintar a un personaje, entiende cuál es la mejor forma de contar una historia sin la necesidad de recurrir a cosas obvias. En su última película, lejos de Nobody Knows o Still Walking, pero todavía en un nivel alto, retrata a una familia disfuncional con un emocionante toque de ternura y crueldad. La mamá le permite todo al hijo, pese a que parece hablarle y tratarlo mal. El hijo, que hace de cuenta que la trata bien, roba lo que sea de la casa de su mamá para venderla y apostar algo por ahí. No hay nada que él haga sin que lo sepa ella. Está en las miradas, en los gestos. Y ella deja pasar todo, porque ella es todo. Koreeda es simple para filmar, pero muy efectivo. Conciente que sus historias difunden la cultura japonesa, cada movimiento tiene que ver con una forma de ser, desde el helado congelado hasta el aplauso sintoísta frente al retrato del padre de familia que murió. El comienzo no fluye para nada, el final es una joya.

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