Oscar 2015: lo que vale la pena

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Hay que saber disfrutar de los Oscar. La clave para eso es muy sencilla: buscar un poco hacia los costados. El mundo hablará de Boyhood o Birdman, las dos grandes candidatas a llevarse el premio a mejor película, pero lo interesante de esta entrega -la más famosa pero no la de mayor nivel cinematográfico- es mirar un poco más allá. Hay tres categorías a las que siempre hay que prestarle mucha atención: documentales (dos obras maestras de los últimos años: Searching for Sugar Man y The Cove), animación (de la grandeza de Pixar, que este año no tiene representante, se sabe todo y de la magia de Studio Ghibli ya no quedan palabras) y film de habla no inglesa, probablemente la más trascendental y chic en el mundillo de Hollywood. Deberá sentirse contento Damián Szifron no sólo por la nominación de Relatos Salvajes, sino también porque, si mirase a los costados, descubriría que su film está rodeado de joyitas que no hacen más que engrandecer su película, que está a la altura.

Primera conclusión de las nominadas: fue una crueldad que Force Majeure no haya quedado entre las mejores. Verdaderamente, este film sueco es una obra maestra. Es mejor que cualquiera de las que estará en el Oscar (acá, un video tan brutal como la película, cuando el director Ruben Ostlund se entera que no entró entre las cinco).

Segunda observación que tiene que ver más con un costado anecdótico y circunstancial: cuando El secreto de sus ojos ganó el Oscar en 2010, la que se suponía era la gran competidora era La cinta blanca, de Michael Haneke, una película bastante parecida a Ida, film que parece ser la gran candidata a festejar este año. Son historias relatadas en blanco y negro, densas, que remiten al pasado y hurgan en las heridas de sociedades europeas destruidas por un contexto social y político difícil de llevar.

Por último: no siempre hay que dejarse llevar por los que ganan. La vida de Adele, la mejor película ganadora de la Palma de Oro de Cannes de los últimos diez años, ni siquiera representó en 2013 a Francia como candidata en los Oscar por una cuestión en la fecha de estreno. A los productores simplemente no les interesó adelantar la película sólo para que pudiera ingresar como nominada. Muchos hablaron maravillas de la última ganadora de esta categoría, La gran belleza, de Paolo Sorrentino. Se festejó la belleza de la fotografía, la maestría para filmar, la paciencia para desarrollar la historia con ese típico tono italiano. Como si Federico Fellini no hubiera existido. Como si no hubiera hecho La Strada, Las noches de Cabiria, 8 1/2 o Amarcord, todos títulos con los que ganó el Oscar, en los 60 y 70. Además, La gran belleza tapó a dos películas sensacionales: La caza, del danés Thomas Vinterberg (el mejor film del 2013) y Alabama Monroe, del belga Felix Van Groeningen, un verdadero y cuidado pisotón al corazón.

Acá, un repaso por las nominadas.

Mandarinas, Zaza Urushadze (Georgia). Guerra. 1990. Un pueblo vacío, rendido ante la muerte que no parece frenar en Georgia. Sólo dos hombres resisten, impulsados por el orgullo pero especialmente por las plantaciones de mandarinas que uno de ellos tiene en su casa. Pero de la guerra no se puede escapar. Un conflicto cercano a sus lugares los expone a una situación tan densa como imposible de esquivar: dos soldados  -uno georgiano y el otro checheno- enfrentados entre sí quedan al borde de la muerte luego de un combate y terminan como pacientes en la casa de Ivo, uno de los obstinados en no irse de su casa. La película es simple, contundente y fina. Es un relato bien armado, certero. Expone lo ridículo de la guerra con inteligencia y sensibilidad. Una joyita.

Ida, Pawel Pawlikowski (Polonia). Una película gris, sombría y triste. ¡Pero qué película! Anna, una joven a punto de volverse monja en Polonia, en los 60, descubre un secreto profundo familiar que deriva de la época del nazismo. La filmación en blanco y negro, vuelve a quedar claro en esta película, tiene una particularidad imposible de igualar. Todo se transmite de una manera más eficiente y clara a partir de planos arriesgados y precisos. La película prodiga un claro escupitajo al período comunista, donde la gente carecía de esperanza y sólo se consideraba un número de producción. Si gana, lo tiene merecido.

Leviathan (Rusia), Andrey Zvyaginstev. ¿Es esta la identidad de Rusia? ¿La película es una forma de castigo o una manera de reflejar la realidad? ¿O sólo se trata de un cuento, pura ficción? Leviathan parece querer exhibir al ser ruso cuando presenta un duro caso de lucha contra el poder peligroso y la corrupción. Kolya hace todo para que su casa no sea derribada, según pretende el gobernador de la ciudad. En su ayuda vendrá Dimitryi, un amigo que trabaja como abogado en Moscú. Pero su llegada no arregla nada. Las cosas empeoran mucho más mientras las botellas de vodka se vacían y las heridas del pasado parecen profundizarse. Probablemente el film con mejor fotografía. Las imágenes del pueblo ruso, con playas desoladas y restos de ballenas que sirven como una especie de bancos para apreciar el mar, son apabullantes. No tan sutil como Mandarinas o Ida. Algo exagerada y menos sensible.

Relatos salvajes, Damián Szifron (Argentina). No hay nada que reprocharle a Szifron. Se hizo cargo de la película argentina más esperada de los últimos diez años. Y cumplió. Se mostró como un verdadero irreverente de una sociedad desgastada, en plena lucha de clases y exhausta. Cuenta bien y dirige de manera correcta. El hilo de tensión que genera el film, de dos horas, tiene una explicación lógica, más allá de la excelente calidad técnica (impactante fotografía, sólidas actuaciones, dirección inteligente, refinada y, principalmente, eficiente). Los seis relatos que se plantean, pese a que muchos tienen algunos finales algo inverosímiles, son muy fáciles de creer. Aunque la película tiene algunos vicios, el resultado total es más que positivo.

Timbuktu, Abderrahmane Sissako (Francia-Mauritania). Es el año 2015 pero todavía el mercado es incapaz de satisfacer las demandas de los consumidores. En la Argentina, la industria del cine no le da al público más o menos especializado ni siquiera la posibilidad de acceder a todas las películas nominadas al Oscar. Con gusto pagaría una entrada al cine o un abono de algún streaming para ver películas como Timbuktu. Pero fue imposible. Por el mercado ilegal (Torrent, ¿dónde estás cuando realmente se te necesita?) tampoco se pudo. En algún momento se escribirá de esta película, pero antes vale la pena mencionar que el cine como negocio -por lo menos en este país- debería replantearse muchas cosas.



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  1. Rodrigo Moral

    La categoría de película de habla no inglesa es, por lejos, lo más interesante que tiene la Academia para ofrecer. Primero, por la naturaleza del proceso de selección; segundo, porque permite agrupar grandes películas “del otro lado” que no tendrían ninguna chance de estar nominadas a algo; tercero, porque los Oscar operan como publicidad, y hacen que obras muy buenas, que tranquilamente podrían ser vistas solo en su país (digamos que después de Angelopoulos y antes de Lanthimos, casi nadie vio cine griego porque no teníamos acceso, prácticamente, y las nuevas tecnologías no eran tan cercanas a nuestras costumbres) acaben siendo, como te/nos ocurre con Timbuktu, buscadas casi con desesperación.

    También es una categoría que ha sorprendido este último tiempo. No tanto en las ganadoras sino en muchas de las nominadas. Siempre se dijo que “la Academia premia cosas ‘académicas'”, y sobran las razones/ejemplos para decir algo así. Pero nadie imaginaba que en el quinteto finalista podrían entrar obras completamente turbias como Kynódontas, dos películas de Haneke , o un documental animado sobre genocidio como L’imagen manquante. Como seguidor de Andrey Zvyagintsev, tampoco hubiera imaginado que en mi vida llegaría a ver una película suya en el quinteto, y hasta en los días previos al anuncio de los nominados sostuve firmemente que ni el globo de oro podía salvarla de quedar afuera. Finalmente la perjudicada fue Force majeure, y sí, el término “crueldad” es el más apropiado para definir la exclusión de una de las mejores películas del año. Por supuesto, Leviathan es una obra mucho más accesible que Elena o The banishment: está cargada de diálogos, a diferencia de estas que podían mantener el silencio durante quince minutos, generando un oscuro deseo suicida en los votantes que acuden a las proyecciones.

    No me siento conmovido por la calidad de las cinco (cuatro, mejor dicho, porque Timbuktu todavía es un misterio). Como no paré de decir este año, hubo muy buen cine, solo que la Academia decidió no elegirlo. Obras como Force majeure o Winter sleep (esta última tal vez sea la más accesible de Nuri Bilge Ceylan, y la última posibilidad de reconocer al gran director), incluso Deux jours une nuit, quedaron descartadas. Lo mismo ocurrió con Foxcatcher en la categoría reina, Life itself en documentales o The LEGO movie en animación. De las cuatro, Leviathan es todo lo que puede esperarse de un gran cineasta como Zvyagintsev, y por eso no tengo dudas en decir que es la mejor. No solo porque es demoledora, sino porque está muy bien hecha (y como mencionás, es extremadamente poco sutil, pero lo veo como un punto a favor, considerando que la obra tiene un costado satírico). Tangerines es la típica película pequeña de países del este europeo o la zona de los Balcanes que te da vuelta el tablero de las emociones y los prejuicios (¿alguien dijo No man’s land?). Lo que aparenta ser una obra pequeña es, en realidad, algo mucho mayor. Y juega a su favor el hecho de ser un canto a la tolerancia político-religiosa que no hunde la cabeza en conflictos actuales (lo que podría perjudicarla) sino en conflictos del pasado (de los que se sirve para hablar, claro, de la intolerancia del presente). Ida es la que menos cosquillas en el interior me genera, pero no discuto sus logros técnicos o sus grandes actuaciones. Y finalmente Relatos salvajes me parece una montaña de cortos muy buenos que, en conjunto, no me convencen. Me recuerda a Don Hertzfeldt cuando hizo “It’s such a beautiful day”: agarró tres cortos, los agrupó y armó la película. La diferencia es que el conjunto de Hertzfeldt tenía un hilo conductor que atravesaba las tres historias. Acá, decir que solamente están unidas por el tema de la violencia, es como filmar seis cortos en los que haya una cama, que no tengan nada que ver unos con otros, ponerlo uno atrás del otro (ni siquiera montarlos de manera intercalada, lo cual hubiera sido una sabia decisión), y titularlo “Relatos sobre camas”. Grandes cortos, pero ¿es una película? ¿o en realidad son seis?

    Tal vez lo más interesante de la carrera sea el recuerdo del 2010. Como argentino, es algo que tengo muy presente (el triunfo de Campanella hoy me alegra, por amor a la patria o por lo que sea, pero por otro lado me enoja. La cinta blanca y Un profeta son dos de las mejores películas filmadas en lo que va de milenio). Aquel año, los premios habían estado bastante repartidos. Los abrazos rotos, que no optó por el Oscar, recibió el Critics’ choice award (este año fue Force majeure la ganadora, tampoco nominada); La cinta blanca se llevó el Globo de oro (este año fue Leviathan); Un profeta se llevó el BAFTA (este año fue Ida). Y el Oscar, bueno, ya sabemos…
    Ida, al igual que La cinta blanca, son dos apuestas a lo artístico, en blanco y negro, con dos nominaciones al Oscar que, sin embargo, perdieron. Esto es, tomándote el concepto, algo anecdótico. Ni de casualidad pretendo comparar ambas películas (insisto, el cine de Haneke juega otros torneos), pero sí sus carreras este año. Decir que, a diferencia de los años anteriores (donde nadie dudaba que Amour o A separation ganarían), nada está dicho. Y que todas tienen grandes posibilidades de salir ganadoras.

    Una vez más, por patriotismo o por el entusiasmo que me da ver un apoyo unánime a la industria local, ojalá sea para Relatos salvajes. No es la mejor, pero es nuestra. Y si lo pierde, no tengo nada que reprocharle a la Academia: sin ser un nivel extraordinario de nominadas, es bastante aceptable.

    • Lucas Bertellotti

      Bueno, brutal comentario. Son las pequeñas satisfacciones que entrega el blog cada tanto, un lector que agrega, mejora y hace mejor el contenido. Muchas gracias, realmente.
      Sobre algunas de tus apreciaciones: todo indica que estamos más o menos en la misma línea. No me desagradaría que gane Relatos salvajes, tampoco me parecería injusto que se quede con las manos vacías. Y estoy de acuerdo en que ninguna de las cuatro (dejamos afuera a la querida Timbuktu) es una obra maestra.
      ¡Saludos!


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