Better Call Saul: cómo pasar de largo a la gloria

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Ni siquiera puede servir una taza de café sin levantar la mirada. Le tiemblan las manos mientras limpia las mesas. No se puede concentrar. Saul Goodman, el famoso abogado, es ahora un empleado de una cafetería. Y tiene miedo que lo maten.

Termina de trabajar y vuelve a su casa. No habla con nadie. Ajusta las cortinas para que no lo puedan ver desde afuera. Saca un VHS de una caja escondida en un armario. Prende la televisión, lo pone en una casetera vieja y lo mira. Es él. Es una de sus publicidades de cuando era un famoso abogado. La secuencia se relata en blanco y negro. El panorama no termina de quedar del todo claro (¿en qué ciudad está? ¿por qué no se puede proteger mejor? ¿quiénes van por él?), pero atrae mucho.

Flashback. El mismo personaje, varios años atrás. Saul es en realidad Jimmy McGill. La historia no volverá a ese hombre perseguido y miserable, se quedará con este, llano y débil. Aburrido, por momentos. En la primera temporada, Better Call Saul se salteó la estación “gloria” y fue a parar directamente a “intrascendencia”.

Better Call Saul relata el proceso de formación del abogado de Walter White, el profesor de química con cáncer que se convirtió en uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo en Breaking Bad. Vince Gilligan, el creador de las dos series, se mantiene en Albuquerque, New México, para crear un spin-off que no conserva las virtudes de su gran éxito.

No hay mucho de Breaking Bad en Better Call Saul, sólo algunas similitudes. La música (indescifrable y potente, de Vivaldi a Deep Purple), los escenarios (el desierto, el calor, las comidas rápidas, el polvo) y los planos (finos, cool y cuidados) mantienen el mismo tono. Hay algunos personajes como Mike (bastante desaprovechado, porque la historia no termina de volcarse por contar su camino, va y viene, lo sigue y lo abandona, no se decide en ir a fondo) o Tuco, que suenan como pequeños guiños, vínculos que unen puentes entre las dos series. ¿Está mal que tenga tanta independencia?  Para nada. El problema es que Better Call carece de fuerza, todo lo bueno que tenía Breaking.

El proceso de cómo Jimmy (Bob Odenkirk, gran actuación) se convertirá en Saul es débil y repetitivo. El esquema es siempre el mismo. McGill es un típico perdedor nato. Todo le va a salir mal, pese a su esfuerzo por superarse y trascender. Es un estrellado, capaz de ser traicionado hasta por quien creía que era su único aliado en el mundo. El personaje se estanca y el guión se escurre: por momentos, el relato parece olvidar que el espectador ya sabe que la historia termina con Jimmy como Saul. Entonces, ¿qué sentido tiene jugar con la posible muerte del personaje? ¿Quién puede pensar que le puede pasar algo? ¿Dónde está el suspenso de eso?

Quizás el gran problema de la serie tenga que ver con la esencia. Si el objetivo fue describir una transformación, entonces probablemente haya una falla. En el fondo, Jimmy y Saul son la misma persona. A diferencia de la metamorfosis Walter White-Heisenberg, de un profesor de química repleto de frustración a un ciego y manipulador vendedor de droga, el proceso de este abogado carece de potencia básicamente porque son lo mismo. Jimmy (Slippin) y Saul son tramposos.

Better Call Saul, producido por Netflix (¿por qué la serie no se ofreció completa desde el día 1? ¿Para qué fragmentarla y ofrecer un capítulo por semana? ¿Por qué ceder la mayor virtud y lo que lo distanciaba de HBO?) y con una segunda temporada asegurada en 2016, tiene soluciones demasiado sencillas. Como si fuera un policial light, como si se tratara de una telenovela por cable.

¿Y si el relato hubiera jugado un poco más con el presente? Porque esos primeros cinco minutos en blanco y negro -brillantes- no se repiten en los siguientes capítulos. Y se siente. ¿Por qué no ir un poco más allá? ¿Por qué no conocer a Jimmy, pero también a Saul, desesperado y con miedo a morir? ¿Llegará esa parte en la segunda temporada? ¿No habrá sido demasiado tarde? Hasta ahora, parece claro: Better Call Saul no es más que una serie simpática. Pasó de largo a la gloria.



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