Love: no es más que otra tonta comedia estadounidense

love

Ya no hay nada para hacer: el mundo se ha vuelto tonto.

Sólo queda lugar para subir una foto a Instagram, festejar un video en Facebook o tuitear sobre lo rica que estaba la comida.

Los trabajos sólo pueden ser aburridos y estúpidos. La pasión, la vocación, no es parte. En las casas no existen las bibliotecas. El lugar de escape es una tienda de comida barata.

Son, en mayor o menor medida, los panoramas que plantean algunas de las comedias que están de moda, especialmente en Estados Unidos. Pasó con Master of None, pasa con Love, la última presentación más o menos cool de Netflix.

La serie, creada por Judd Apatow, el de Virgen a los 40 y Ligeramente embarazada, describe la vida de dos treintañeros comunes (HBO hizo algo parecido con Togetherness, pero con la lupa puesta en una pareja casada y con hijos y el choque de la famosa crisis de los 40). Mickey, una productora de radio con problemas con las drogas y el alcohol, y Gus, un nerd repleto de frustraciones que hace de profesor a jóvenes estrellas de Hollywood que no tienen tiempo para ir al colegio.

Diez capítulos de media hora alcanzan para sentenciar a la serie: pudo haber sido algo bueno, pero no es más que una decepción. Love se siente como un vacío muy grande, porque los protagonistas no tienen demasiado para dar.

¿Es así, entonces?

¿Sólo queda apuntar a personajes que no tienen comida en su casa, postean una foto de su heladera vacía en Instagram y caminan, tristes y solitarios, a comprar papas fritas?

La serie, que ya tiene confirmada la segunda temporada, atraviesa los problemas de Mickey y Gus. Viven en Los Angeles, el modelo de la familia no fue ideal para ellos y están más bien solos. Ella es demasiado linda para él. Él es demasiado nerd para ella. La historia va atrás de una fórmula repetida: la de los polos opuestos. El relato nunca termina de dejar en claro cuál es su objetivo. ¿Quieren enamorarse? ¿Simplemente sentirse bien por un rato? ¿Tener hijos?

El tono es siempre de comedia independiente, le escapa a lo emotivo y, el mayor fracaso, a la risa. Hay una tendencia de la comedia de estos tiempos a hacer todo un poco más exagerado, a intentar identificar a los espectadores con personajes que no parecen reales, que se acercan más a lo bizarro.

El foco se pierde tanto que, sobre el final, es imposible no gritar con un poco de furia: ¡acá no hay nada de amor! Sólo va de una maníaca caprichosa y un hombre bueno que se encontró con algo distinto. No es más que otra tonta comedia estadounidense.



There are no comments

Add yours