Hay que ir temprano al cine cuando se trata de Pixar

PIPER

Lo sabe cualquiera. Si la función es a las 22.30, hay que estar a esa hora. Porque, antes de una película de Pixar, no es sólo el tema de las publicidades o los avances de lo que va a venir en las próximas semanas. Sin tanto marketing ni cartel, están ahí: pequeñas joyas escondidas entre los grandes nombres de los films que recaudan millones.

Pixar no es sólo Buscando a Nemo, Wall E o Toy Story. Es un mundo, en realidad. Una idea de construir una fantasía que tiene que ver más con un universo que con una simple película. Por eso, disfrutar de los cortos que presenta antes de cada una de sus obras es una verdadera delicia.

Se sabe que los grandes maestros se preocuparon en elevar el nivel de detalle de sus producciones como una forma de motivación. Pensar en los aspectos que ni el espectador más atento tendría en cuenta, sólo para elevar su nivel de exigencia y cumplir las expectativas. La inscripción de una espada, el color de un casco, las letras de un libro. Lo hicieron Peter Jackson con El Señor de los Anillos, George Lucas en Star Wars y Francis Ford Coppola en El Padrino, por ejemplo. Y también lo practica Pixar. No es más que un código interno que hace que todo funcione mejor: preocuparse por las cosas chicas para hacer cosas grandes.

Poco después del estreno de Buscando a Dory, acompañada por uno de los cortos más sensibles y técnicamente perfectos, un repaso por todos los de la extraordinaria y larga lista.

Las aventuras de André y Wally B., Alvy Ray Smith (1984). Lo primero que llama la atención de este corto, limitado, casi como si no fuera más que una prueba, es la ficha de presentación: “The Lucas Film Computer Graphics Project”. La historia es así: George Lucas tenía una pequeña empresa de “efectos gráficos”. Hasta ese momento, no se sabía bien para qué. La idea era ir a la vanguardia, pero no había mucho más que eso. Con el tiempo, Steve Jobs decidió invertir en este departamento, pese a que traía pérdidas y no quedaba claro cuál era su concepto. Pero este corto, el primero de la historia de Pixar (que en ese momento ni siquiera se llamaba así), deja deducir hacia dónde se apuntaba. Para esa época, Miyazaki -adelantado a todos- ya había estrenado El castillo de Cagliostro y Nausicaä, pero la diferencia acá estaba en el concepto. Las aventuras de André y Wally empieza a coquetear con la idea de que las computadoras podían reemplazar al lápiz y papel. Todo empieza a cambiar en términos de dimensiones, colores y estructuras. El primer paso de la revolución.

Luxo Jr., John Lasseter (1986). El departamento de efectos, que vendía principalmente un sistema a agencias gubernamentales y a la comunidad médica, termina de definir su foco con este corto, uno de los grandes símbolos de la historia de Pixar. En esta época entra en el juego John Lasseter, el verdadero corazón de todo. Porque él era el que llenaba los agujeros de creatividad, innovación y conocimiento del mundo de animación. Con este film, en el que una lámpara y su “hijo” juegan con una pelota, Lasseter le demuestra a todos que se pueden hacer buenas cosas con una computadora, que este tipo de obras no eran exclusivas del lápiz y el papel. El segundo paso a la consagración.

Red’s Dream, John Lasseter (1987). Más allá de los evidentes avances en cuanto a lo técnico, el gran mensaje de este corto de Pixar tiene que ver con el contenido. Lasseter regala su visión del mundo. Sí, sus animaciones parecen ser destinadas para chicos. Sí, la idea es divertir y entretener. Pero no, en esta casa no se va a mirar hacia los costados. En esta casa se va a hablar de la vida. Y en la vida hay muchas más frustraciones, momentos tristes y decepciones que de lo otro. Red’s Dream es un poco de eso.

Tin Toy, John Lasseter (1988). Los juguetes están vivos. Hay una idea muy clara en este corto, el puntapié de Toy Story, otro gran estandarte de Pixar. El concepto de que, cuando el hombre le da la espalda a los objetos hay un mundo vivo que nadie conoce, secreto y fascinante. En este caso, se trata de un juguete nuevo que se enfrenta ante la brutalidad de un bebé. Hay secuencias que traen a la memoria un par de escapadas de Woody o Buzz Lightyear en la saga más famosa de Pixar.

Knick Knack, John Lasseter (1989). La imaginación no tiene límites. Es la evolución del ingenio, la estética y, por sobre todas las cosas, la diversión. El combo Pixar que se conoce hoy comienza a tomar cada vez más forma en los cortos de los primeros años. De menor a mayor. Knick Knack fue estrenado al público grande varios años después, como previa de Buscando a Nemo.

Geri’s game, Jan Pinkava (1997). Una producción que remite a los primeros párrafos de este posteo. Los cortos, las películas, los personajes, forman parte de un universo gigante. Tienen vida propia y son individuales, pero respiran gracias a la capacidad de asociación. Geri, el viejo de esta pequeña joya, juega al ajedrez contra su propio yo, en disputa de su dentadura. Pero su gran papel llegaría unos años más tarde como el meticuloso profesional que arregla a Woody.

For the Birds, Ralph Eglestone (2000). Divertido y simpático, pero remite al principio de Pixar. Se aleja un poco de la profundidad de Geri’s game y se dirige a lo básico. Eso sí: menos complicado, más efectivo. Estos mismos pájaros tendrán una participación en Cars. El universo Pixar.

Boundin’, Bud Luckey (2003). Tiene que ver con la forma de Pixar de manejar la moraleja. Sí, hay un intento de dejar un mensaje. Pero, si es la idea, que sea lo más sutil posible. En este caso, a un cordero le enseñan que hay que saltar. Saltar para olvidar que queda pelado en cada verano. Saltar para evitar la vergüenza. Saltar para sentirse un poco más feliz. Saltar como forma de seguir adelante, luchar ante los obstáculos.

One Man Bound, Mark Andrews (2005). ¡Que viva la música! ¡Que no se muera nunca el ingenio! En casi todos los cortos de Pixar, la cuestión se trata de ser distinto. En este caso, se logra esa condición desde el lado de la simpleza. Recurrir a lo sencillo para llegar a lo difícil. La competencia entre dos músicos por la moneda de una nena se convierte en un corto con algunas secuencias inolvidables.

Lifted, Gary Rydstrom (2006). Algunos detalles divertidos sobre este corto: el director es un sonidista, el que estuvo a cargo de Jurassic Park y Buscando a Nemo, entre otros. Su material de trabajo, una consola gigante con botones y pequeñas palancas, figura en el corto como el tablero que Stu, el marciano, debe poner en funciones para abducir a un joven que duerme en el medio del campo. El corto juega con la idea de que fracasar es una opción, además de divertirse un poco con un género que siempre resultó atractivo (sólo hay que mirar a la mejor película de la historia de Pixar, Wall-E): la ciencia ficción.

Presto, Doug Sweetland (2008). Un relato clásico de la animación. Presto, el mago, está listo para dar otro sólido paso a la fama y la gloria. Alec, su conejo, no está tan seguro de eso. Él tiene hambre y hace demasiado tiempo que su “amo” no lo deja comer ni media zanahoria. El corto es un homenaje evidente a Looney Tunes. En los casi cinco minutos de acción, hay un poco de Bugs Bunny, el Coyote, el Correcaminos y algunos otros personajes, pero siempre con el toque Pixar.

Partly Cloudy, Peter Sohn (2009). Los cortos toman otra dimensión. La imaginación empieza a escaparse de sus límites. Las obras tienen, en sólo cinco minutos, elementos de todo lo que se había hecho antes: entretenimiento, grandes personajes, historias de vida, moralejas, perdedores, ganadores. Este film tiene todo eso y mucho más. Un nivel de belleza encantador, un relato repleto de ternura y la explicación más hermosa sobre cómo es que los bebés llegan al mundo.

Day and Night, Teddy Newton (2010). El director del corto no podía olvidarse de los días de radio de su mamá. Cómo escuchaba al doctor Wayne Dyer, una especie de gurú de la autoayuda. Entonces, decidió incluirlo dentro de la historia, una de las mejores de Pixar. De esto también se trata un poco: traer los recuerdos y las vidas personales a lo público, hacer que cada relato tenga una pizca de verdadera personalidad. Esta obra es una de las más completas, por técnica (fue realizada en 2D y 3D), historia (el día y la noche se pelean hasta que perciben que, en realidad, no son tan diferentes) y diversión (siempre una sonrisa, siempre).

La Luna, Enrico Casarosa (2011). Lo fascinante de la filmografía de cortos es que cada obra tiene atrás una idiosincracia tan grande como las películas. “Las computadoras tienden a lucir las cosas perfectas, y yo quería que simplemente se vieran diferentes”, dijo el director de La Luna. Y lo cumplió. A lo digital le agregó colores y texturas generadas manualmente. La historia es una caricia al alma. El chico que va a trabajar por primera vez con su papá y su abuelo, dos viejos costumbristas. ¿La tarea? Barrer la Luna. Ahí, el padre tendrá sus métodos, el abuelo otros. El nene deberá decidir qué camino tomar. O simplemente forjar su propia personalidad. Una obra maestra.

The Blue Umbrella, Saschka Unseld (2013). La lluvia hace que la ciudad empiece a tomar vida. Desde los semáforos hasta los carteles de tránsito. De los cordones de las calles a los caños de desagüe. Diluvia, y los paraguas se enamoran. El rojo y el azul lo saben: entre tantos negros, se sienten destinado a estar juntos. En la ciudad, aunque nadie parece notarlo, no hay nada muerto. Todo vive, todo respira, todo tiene autonomía. Una joya.

Lava, James Ford Murphy (2014). Probablemente el más encantador y enamoradizo de todos. Simplemente no se puede dejar de cantar y tararear la canción que los personajes principales, señor y señora lava, entonan como llamado del amor. En el medio de esas dos estructuras gigantes, una naturaleza que impone. La historia no necesita más que eso: una canción que hipnotiza.

LAVA – Pixar Disney short film 720p from Danny Filan on Vimeo.

Sanjay’s Super Team, Sanjay Patel (2015). El nene es indio-americano, ya no puede recibir tantos estímulos. Por un lado, el hinduismo y las tradiciones de su papá. Por el otro, la locura de la cultura occidental. Los cartoons, los comics, el costado pop de la vida. Sanjay se sumerge en una aventura que nunca hubiera imaginado. Saldrá con una nueva perspectiva que le permitirá disfrutar, justo a tiempo, de los dos costados de su vida. Sobre los mandatos, las costumbres a seguir y las nuevas maneras de ver lo que parecía inalterable. Técnicamente imponente.

‘Sanjay’s Super Team’ Oscars 2016 Short Film (Animated) from Raj Kamal Singh on Vimeo.

Piper, Alan Barillaro (2016). El pajarito sabe lo que tiene que hacer para comer. Vio a su mamá mucho tiempo, a sus compañeros también. Y está decidido a lograrlo. Pero, cuando sale al mundo real, de las plantas que lo protegen a la arena descubierta y accesible, todo cambia. Las olas son demasiado fuertes, las corrientes arrastran y parece imposible sacar la cabeza para respirar. El mundo de verdad es muy duro. Pero, en algún momento, se recompone y sale otra vez. Y, ahí sí, se alía con la naturaleza y todo cobra sentido. No hay dudas de que se trata del corto más perfecto en cuanto a la técnica de la imagen. La calidad de la arena, los movimientos del pájaro, el sonido y la pureza del mar, el nivel de detalle en las plumas del protagonista. Simplemente perfecto.

Lou, Dave Mullins (2017). Un mensaje para todos los chicos que hacen bullying en los colegios: tranquilos, no se sientan tan solos, llegará un momento en el que percibirán la compañía y entenderán que todo lo que hacían estaba equivocado. Algo de eso habla Lou, una tierna historia de un chico de un jardín que solía tratar mal a los compañeros y a partir de la aparición de un extraño amigo empieza a detectar que en la vida hay cosas mucho mejores que hacer llorar a las nenas o robarle cosas a los varones. El corto es simple, no recurre al golpe bajo y combina con calidad la parte divertida con la cuestión del significado. Pixar 100%



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